sábado, 24 de noviembre de 2007

2007-10-22 - Análisis de dos textos de José María Arguedas

José María Arguedas, autor de obras trascendentales en la literatura peruana y latinoamericana en general, precisa en el prólogo de Dioses y hombres de Huarochirí[1] las múltiples deficiencias de las traducciones al español de los cantos quechuas hechas por Ávila previamente, pero la más notable es la carencia del sentimiento quechua en las palabras españolas empleadas. Este tema es tratado en múltiples ocasiones por Arguedas a lo largo de su vida, pero se hace evidente en el texto Entre el kechwa y el castellano, la angustia del mestizo[2], cuando dice:

Pero vino otra gente con otro idioma, otro idioma expresión de otra raza y de otro paisaje. Con este idioma hicieron, tanto tiempo, mala literatura, los hombres nacidos en este lado del Perú.2

Si hablamos en castellano puro, no decimos ni del paisaje ni de nuestro mundo interior; porque el mestizo no ha logrado todavía dominar el castellano como su idioma y el kechwa es aún su medio legítimo de expresión.2

Al leer detenidamente Acerca del intenso significado de dos voces quechuas[3] se observa un claro sentimiento al referirse al sentido y alcance de ciertas partículas empleadas en las palabras quechuas.

La terminación quechua “illu” es una onomatopeya. “Illu” representa en una de sus formas la música que producen las pequeñas alas en vuelo; música inexplicable que surge del movimiento de objetos leves.3

A raíz de esto, la relación entre las lecturas de Arguedas mencionadas se puede ver como la importancia del mestizaje de la lengua castellana con el quechua para la representación de la vida del hombre de la sierra en el Perú, de tal forma que sea posible que sus tradiciones, cantos e himnos puedan ser traducidos del idioma original sin que pierdan su sentimentalismo y sensaciones al pasar al español.



[1] Dioses y hombres de Huarochirí. Traducción y prólogo de José María Arguedas. México, Siglo XXI.

[2] Entre el kechwa y el castellano, la angustia del mestizo. José María Arguedas, Suplementos Anthropos, volumen 31, página 62.

[3] Acerca del intenso significado de dos voces quechuas. José María Arguedas, Suplementos Anthropos, volumen 31, página 74.

2007-11-21 - La belleza de la realidad, o ¿la realidad de la belleza?

La belleza es un concepto antiquísimo que se basa en la sublimación de los sentidos, sin detallar sobre los cánones de belleza de cada persona, cada uno de nosotros puede ver algo hermoso hasta en el peor hecho de violencia o en la flor más deforme, hay incluso quienes prefieren una mascota con cierto defecto por considerarlos de igual forma hermosa. Desde entonces, sobretodo durante el período greco-latino y el Renacimiento, el arte se ha dedicado a plasmar el mundo que lo rodea a través de los ojos del artista, bien sea en una pintura, escultura o, en la actualidad, a través de los medios audiovisuales.

Sin embargo, qué es lo que nos causa placer? ¿La belleza de la realidad o a través del arte huimos de la realidad de la belleza? Si bien el mundo que nos rodea, sobretodo la naturaleza exótica que brinda nuestro país, está compuesto por maravillas vegetales, animales y geográficas, todas son relativas al ojo que las estudia. Un ejemplo evidente, ¿acaso la obra de Manuel Cabré es más hermosa que la imponente figura del Ávila ante nuestros ojos a diario? Nunca una obra puede sobrepasar la belleza del objeto real que es representado, salvo que los ojos que vean al mismo lo hagan con un detalle mayor o resaltando en ella aquello que exalta sus sentidos.

La mujer más hermosa no siempre es aquella con la mejor figura o la más inteligente, si no la que sabe jugar tanto con sus virtudes y sus defectos haciendo que exista una armonía entre todos y dándole al ojo espectador el deleite que éste espera, bien sea en el atuendo, en su modo de caminar, hablar o actuar. Es por esto que actualmente las mujeres que se han convertido en íconos de belleza no están en sus veintes si no ya sobrepasaron los cuarentas, tienen cuerpos fabulosos y manejan negocios como los mejores, tal es el caso de Demi Moore o Mónica Bellucci. ¿Cómo negar la belleza de un infante, no importa su raza o si tiene algún defecto físico? Sus ojos redondos, su sonrisa y esa mirada de descubrimiento a cada cosa que le aparece son de los rostros más hermosos que pueden verse.

Si bien la simetría favorece la armonía de lo visual, para muchos lo hermoso está en lo asimétrico, en lo distinto y lo raro; el “príncipe Negro”, por ejemplo, es a mi juicio una de las rosas más hermosas que hay, pero siempre es la rosa roja el símbolo de la belleza y la hermosura, para la mayoría. Es por esto que aquellos con gustos únicos deben su fascinación a aquellos similares, por encontrarlos hermosos ante sus estándares.

El David de Miguelángel es la muestra del cuerpo masculino perfecto y, sin embargo, el observar un hombre en su desnudez con los músculos marcados en su cuerpo, sin mayores detalles o cicatrices es simplemente un reflejo del gusto del observador, ya que cada uno encontrará la belleza en las partes del cuerpo que le brinden una mayor excitación a sus sentidos. Quizás su espalda, su mirada o su mentón sean los objetos del deseo que esta espectadora encuentra más hermosos en la anatomía masculina.

2007-11-19 - La metaficción presente en Julio Cortázar

Se entiende por metaficción al uso de una doble ficción dentro de un texto literario; este estilo además presenta ciertas variantes donde se intercambian los papeles del escritor, narrador y personajes, entrelazando las historias y develando realidades ficcionales en cada una de sus intervenciones.

En el caso de Continuidad de los parques, el personaje principal se destaca a sí mismo a través de la lectura de una novela, la cual ha llenado su tiempo y de la que ha tenido que separarse por motivos laborales, pero que encuentra nuevamente una vez solventados estos asuntos. Desde una perspectiva superficial, éste hombre sentado en su sillón verde lee en su novela una historia similar a la suya, siendo la principal sorpresa del lector la semejanza que plantea Cortázar entre nuestro personaje de novela y este segundo personaje de novela aparecido dentro del texto. Esta metaficción o superposición de realidades se ve acompañada a su vez por un trasfondo más hondo, que simplemente refleja nuestra naturaleza humana, la necesidad de vernos reflejados en lo que nos rodea; la necesidad de encontrar una parte de nosotros dentro de los libros que leemos, las películas que vemos y la música que escuchamos, ya que si no tienen algo de nosotros, sencillamente no puede perturbarnos su existencia y pasan desapercibidas completamente.

Pero Cortázar tiene la característica de situarnos en ciclos infinitos con cierta regularidad, ya que éste no es el único de sus cuentos que nos hace girar entre personajes, tal es el caso de La noche boca arriba donde el personaje se ve envuelto en un sueño extraño, pero que no se sabe cuál es real, ya que ambos son contados con majestuosa dedicación. Un motociclista tiene un accidente evitando atropellar a una mujer y es llevado a un hospital donde es anestesiado para ser operado, de la anestesia inicia un sueño en el que es un indio corriendo por un pantano, escapando de la “guerra florida” pero es atrapado y llevado al teocali para ser sacrificado. El principal detalle de ambas historias, entrelazadas por los abrir y cerrar de ojos de nuestro personaje, se basa en la presencia de olores: “Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores” y “Lo que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se revelara contra eso que no era habitual, que hasta entonces no había participado del juego” (tomadas de La noche boca arriba de Julio Cortázar). En este caso, la metaficción viene a través del sueño de nuestro personaje sin nombre, a quien además le resulta sumamente complicado descubrir la realidad de la ficción que lo atormenta.

Es sorprendente la capacidad de este autor de jugar con nuestra visión de la realidad, recordándonos que la ficción no está tan alejada de nuestro mundo y que a cada paso que damos, estamos más cerca de entrar en un círculo infinito con nuestra contraparte real.

2007-11-19 - Sobre nuestro atraso evolutivo

Cuando la ciencia y la sociedad van por caminos diferentes, la primera debe imponerse para la supervivencia de los individuos que la conforman. ¿Qué mejor ejemplo de una sociedad descarriada que la actual? Las religiones, drogas, vicios y placeres mundanos nos han llevado lejos de nuestro mundo perfecto. El principal defecto de nuestra comunidad es la búsqueda de igualdad de los sectores minoritarios, mestizos, contaminados y enfermos que ha llevado a nuestros recatados habitantes a compartir sus privilegios con aquellos no aptos.

Al mezclarnos cada día con estos sangre sucia hemos incrementado exponencialmente nuestros defectos, tales como enfermedades congénitas y la disminución del coeficiente intelectual, que afectan enormemente el desempeño de ciertos individuos dentro del engranaje que mueve la humanidad. Al retirar estos individuos y adecuar los restantes, daremos un paso al frente de la evolución, tal como lo plantea Aldous Huxley en Un mundo feliz, donde cada casta es seleccionada y educada según las necesidades del Estado. La ciencia se encarga de seleccionar y de crear aquellos individuos que hacen falta en las distintas áreas y durante su crecimiento son adiestrados no sólo para satisfacer las necesidades laborales, sino además para aceptarse tal como son, sin dejar en ellos esa sensación de vacío que la religión o el crecimiento excesivo de aquellos que nos rodean pueden dejar en nuestra alma.

Sin embargo, para que nosotros podamos alcanzar tal nivel evolutivo es necesario abandonar en primer lugar la religión, donde Marx acertaba al decir que “la religión es el opio de los pueblos”; dejar a un lado el sentimentalismo al ver a un anciano o un desvalido, el anciano ya ha pagado su tributo a la vida y al llegar a la edad en que no es más útil a la sociedad debe ser capaz de retirarse antes de dañar lo que hizo con su esfuerzo, mientras que el desvalido no ha podido ayudar a aquellos que lo rodeaban, simplemente ha traído tristezas, por lo que ambos deben ser apartados; la política debe ser dejada de lado, permitiendo que sólo un organismo se encargue de las decisiones en pro de la comunidad y que los ciudadanos se dediquen a disfrutar de estas libertades y de cumplir sus obligaciones; y, finalmente, que la ley sea dictada en base a la ciencia, la cual se fundamenta en la optimización de los procesos y el descubrimiento de nuevas vías de mejoramiento.

La ciencia tiene en su seno todos los mecanismos para permitirnos avanzar al próximo escalón evolutivo sin tener que preocuparnos por la moral y ética de las acciones; ya no sería necesario el uso de células madre para intentar curar el cáncer u otras enfermedades, simplemente podríamos crear un nuevo yo libre de estos defectos, hasta que nos acostumbremos a la idea de que nuestros hijos sean tocados por una mano bendita antes de nacer, para librarlos de estos males; no tendremos que estar pendientes de la contaminación ni de la extinción de especies animales ni vegetales; la inteligencia puede ser mejorada hasta copiar los estándares de nuestros grandes pensadores y científicos, incluso, pudiendo superarlos con creces; y como principal beneficio, la creación estará en manos humanas sin depender de entes superiores que rijan nuestros destinos.

2007-11-05 - Ensayo sobre la libertad de expresión

Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos,

sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier

otra forma de expresión y de hacer uso para ello de cualquier

medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura.

Artículo 57, Constitución de la República Bolivariana de Venezuela 1999.

La libertad de expresión corresponde a la capacidad individual de proclamar nuestros pensamientos sin restricciones de ningún tipo, siempre y cuando éstas no afecten al prójimo. Sin embargo, es propiedad de los gobiernos autocráticos cercenar la libertad de expresión de los individuos, junto con la constante censura y el desarrollo de la desinformación, de tal forma que aquellos individuos con pensamiento crítico se vean cada vez más vejados, restringidos en sus acciones y, casi en su totalidad, exterminados para no sembrar la semilla analítica que caracteriza a los letrados, periodistas y escritores.


En Cuba, por ejemplo, si se camina en las calles del principal municipio turístico de La Habana, el municipio Vedado, se verá una actividad política de poca envergadura, con no tan numerosos carteles y vallas como en la periferia y, sin embargo, con el pesar de que no puedes decir lo que piensas sólo por estar en ese lugar. La censura del pueblo cubano caló tan hondo en sus habitantes que no es necesario obligarlos a callarse, ya lo hacen por su propia voluntad.


No obstante, se puede decir, todavía, que en Venezuela no hemos permitido, al menos no todos, que se nos obligue a pensar o actuar siguiendo una bandera ideológica. Se ve cercano el día en que nuestros hermanos menores hayan olvidado que no es traición a la patria pensar distinto al presidente, y decirlo; que no es delito repartir volantes con la agenda de las protestas o filosofando sobre las palabras del Libertador; que todos, por igual, tenemos el mismo derecho de caminar por las aceras o pasar frente a Miraflores, que Los Próceres no es territorio chavista y que en Baruta no sólo vive el alcalde. Aún así, seguimos esperando que este milagro ocurra y que mañana todavía tengamos vida para continuar estas líneas.

2007-10-24 - Sobre el psicoanálisis

Gran parte de los conceptos asociados a la psicología, especialmente al psicoanálisis, se mantiene activos en la psique humana como es el caso de los arquetipos Jungianos, la dualidad Eros/Tánatos (sumamente importantes en la publicidad y mercadeo), los complejos de Edipo y Electra entre otros tantos. Pero a pesar de los esfuerzos realizados por el psicoanálisis para conceptualizar la mente humana, hay un grupo de personas fuera de lo común y que tienen una mezcla entre don y castigo para desarrollar el arte, bien sean pintores, escultores, poetas, ensayistas o músicos, por mencionar algunas artes.

La capacidad de lograr que la arcilla muestre en su color la belleza de una dama o sea un nuevo implemento para el hogar, que las letras formen palabras con mayor peso que su propio significado, que los colores le den vida a los ojos de un niño o que el perro en la esquina muestre su hermoso pelaje, no la tiene cualquiera. Mas aquellos con esta habilidad deben además cargar el peso de su talento, no sólo como un peso moral o público si no como un peso psicológico, asociado en parte a la fama y al mundo, pero principalmente al compromiso consigo mismo de brindarse de forma honesta al arte. En los escritores conjuntamente tienen la posibilidad de dar a conocer al público un mundo nuevo, lo que hace que se desarrolle en ellos un dualismo entre ellos y sus personajes, lo que está relacionado en sus bases con los arquetipos Jungianos (la máscara, el héroe y el ánima, por mencionar algunos).

La apertura del alma para la salida de los personajes arquetípicos nacidos en el cuerpo de los escritores permite el flujo de mayor número de sentimientos no asociados a la creación del actor sino a la vida personal y los recuerdos del autor, lo cual deriva en múltiples ocasiones en catarsis para él o en otro paso para acercarse a la locura. No es extraño que los grandes artistas hayan tenido una infancia difícil o una juventud golpeada por las vicisitudes, que hayan tenido contacto con estupefacientes o psicólogos para tratar sus dolencias internas, y que al final no hayan podido ver el día feliz del retorno[1].

Sin embargo, gracias a ese vaivén de emociones es que las obras trascienden y transgreden los paradigmas y se hacen inmortales, ellas junto a sus creadores.



[1] Homero. La odisea. Canto I. Traducción: José Alsina.

2007-10-15 - Ensayo sobre la Lectura (basado en el texto Sobre la lectura, de Marcel Proust)

Desde nuestra infancia, la literatura ha servido de conexión con un mundo inmaterial al que sólo tenemos acceso a través de la lectura. Este vínculo con la memoria colectiva nos permite conocer desde leyendas y mitos de todas las civilizaciones hasta los pensamientos recónditos de asesinos y otros truhanes. Al iniciar las primeras palabras de un libro, nos vamos transportando a los paisajes que nos relatan hasta estar lado a lado con los protagonistas, cuyas historias, dudas, sensaciones y miedos se hacen uno con los nuestros, hasta sentirlos casi dentro de nosotros. Es por esto que las obras de algunos autores marcan un antes y después en nuestras vidas.

En mi vida he sentido una fascinación, casi enfermiza, por la historia detrás de la Segunda Guerra Mundial, quizás porque mi padre sufrió tanto por ella o porque su historia remueve un conjunto de sentimientos de ira, tristeza y decepción de la raza humana y su capacidad de autodestrucción. La vida de Adolf Hitler y su subida al poder, su vida privada y su muerte ha hechizado a múltiples exponentes de todas las artes, haciendo de su memoria el centro de múltiples películas y libros. En particular he leído dos obras que permanecen en mí como recuerdo de lo que debemos luchar por superar y ejemplo a seguir, en el caso de las historias de los sobrevivientes. La primera se titula Sin nombre (y le viene muy bien su título, ya que no he encontrado más referencias de su existencia que el dueño del mismo) y corresponde a la relato de una sobreviviente quien, con su familia, sufrió las vicisitudes de Auschwitz. En ella, te cuenta minuto a minuto sus acciones, dejaciones y los maltratos sufridos y cómo fueron capaces de soportarlo algunos, mientras que otros se quebraban tarde o temprano.

La segunda, Los niños de Hitler de Guido Knopp, explica el desarrollo y fin de las Juventudes Hitlerianas y cómo fueron seducidos por ideales de pureza, autonomía y poder, dándoles las herramientas para convertir niños de 10 años en carne de cañón de una guerra sin el menor sentido de humanidad. Pero la prueba del temple en este texto es el capítulo sobre el fin de la guerra, porque no sólo muestra la decepción de miles de soldados ante la consabida pérdida, si no la fe ciega de miles de niños que nacieron bajo ese régimen y cuya vida se basaba en tener la oportunidad de decir Heil Hitler frente a su máximo líder, luego de cumplir alguna misión.

A través de estas lecturas, me trasladé a la infancia de mi padre, abuelos y tíos, a la infancia de millones que no sólo vivieron la Segunda Guerra Mundial como víctimas judías, si no como aquellos cegados por la esperanza de surgir, de limpiar su vida y de darle un sentido a la lucha. Como si continuar la lucha no fuera una misión suicida si no un culto a un Dios humano, su líder.